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Sinopsis
«Si Juan Antonio de la Oliva te conoció en Madrid y te amó cuando solo tenías diecinueve años, si mi abuelo te encontró en París y te amó cuando tenías veintidós, mi madre y yo te quisimos igual porque es evidente que fuiste una persona hecha para ser amada».
Pepita de Oliva, nacida como Josefa Durán en el seno de una familia gitana, fue una bailarina malagueña conocida como «La Estrella de Andalucía», un símbolo de gracia y encanto que fascinó a la Europa del siglo xix. Sin embargo, su notoriedad trascendió los escenarios cuando su romance con el aristócrata y diplomático Lionel Sackville-West desafió las convenciones de su tiempo.
Tras la muerte prematura de Pepita, la historia continúa con su hija ilegítima, Victoria. Educada en un convento, pasó una breve temporada en Estados Unidos antes de instalarse en Inglaterra, donde el matrimonio con su primo Lionel Edward Sackville-West legitimó su posición en la conservadora sociedad victoriana.
Entre el esplendor de la época, los viajes, el amor y los sacrificios, la fascinación de Vita Sackville-West por su abuela —aquella gitana de cabellera negra y sortijilla en la sien— y su madre —audaz y profundamente humana— motivó este retrato familiar, un homenaje a dos mujeres indómitas y apasionadas.
Título original
Pepita
Autor
Traducción
Colección
Al margen
Temas
Málaga; bailarina; Madrid; Pepita de Oliva; Catalina Durán; Victoria Sackville-West; siglo XIX; siglo XX; historia familiar; prensa europea inédita; historias reales; aristocracia; teatro
ISBN
979-13-991617-9-3
Páginas
388
Encuadernación
Rústica con solapas
Formato
21 x 13,5 cm
Precio libro
22 euros
Reseñas
Lo he leído como un tiburón engulle una caballa. Carta de Virginia Woolf a Vita Sackville-West en octubre de 1937
«La potencia de la expresión de Vita Sackville nace de la escritura tradicional y su natural transcurso de los acontecimientos, y es lo más alejado de cualquier forma de experimentación. Su fuerte es la creación de personajes, de ambientes, la posesión de una mirada agudísima y selectiva y ningún miedo a llamar a las cosas por su nombre». El País, Babelia
