Es importante que las ideas y los conceptos no se nos olviden si aún tienen vigencia. A veces conviene refrescar temas, como es el caso de la forma que se siguen presentando algunos productos en su publicidad (hablo de publicidad convencional, más precisamente de televisión) en la que acabo de ver otros dos ejemplos de desviación de la personalidad de un producto.
Yo, y casi todo el mundo los conocíamos de una forma, ahora resulta que "comunican" de otra por obra y gracia de algún creativo o por los departamentos de marketing de las marcas. No está muy bien eso de travestir a los productos. ¿Hace falta? Hace ya mucho tiempo que el producto ha dejado de ser (si alguna vez lo fue) "una cosa" o "un objeto" que sirve para algo.
Hace unos días hice un comentario en este blog acerca de la posibilidad de que fueran los propios consumidores quienes, con sus sugerencias en un blog o red social creada al efecto, participaran en el diseño del packaging de productos. He recibido un variado abanico de consideraciones de amigos y colegas de la profesión. Pero no es ése el caso que motiva esta nota, sino que una iniciativa similar, en otro segmento de creatividad ya está en el aire, es decir, en la Red. Se trata de una página web que solicita a los internautas que les ayuden a "nombrar" productos. Es decir que participen de los proyectos de naming de los más variados productos. Sí, seguramente me diréis que es más fácil para la mayoría de la gente pensarse un nombre que diseñar un pack. Puede, pero pensar que la gente sea incapaz de opinar de cómo quieren que vengan envasados, o qué imagen deben tener los productos que compran sería infravalorarlos.
Dicho así, como en el titular, puede parecer una aventura muy bestia, y no tardarían ni una semana en echárseme encima las empresas que diseñan packaging porque boicoteo su trabajo. Pero supongo que los más perspicaces se habrán dado cuenta de que el tema de esta nota que no va por ahí. Lo plantearé con algunas preguntas clave ¿Puede hacerse o modificarse un pack por el deseo y gusto del consumidor? ¿Hasta dónde? ¿Es una reacción espontánea? Aunque a esta última pregunta la respuesta seria sería "No, de ninguna manera, el público no se dirige a las empresas para eso" o "Ya hacemos focus" sin embargo,
Hace ya mucho tiempo que el producto ha dejado de ser (si alguna vez lo fue) "una cosa" o "un objeto" que sirve para algo. El producto es él y sus circunstancias; un ente con personalidad propia, con su nombre, su fecha de nacimiento y su carnet de identidad. Posee una carga emotiva y cumple una función en la vida. ¡Qué casualidad, como nosotros! Y hasta tiene una lengua propia, una forma de hablar, de comunicarse con sus amistades (los consumidores) que le son fieles. Y además busca nuevos amigos. Por eso, no debemos traicionarlo. No debemos hacer que hable de diferentes formas, con diferentes acentos. El producto no puede emitir mensajes a cada rato con una voz diferente. Debemos ayudarle, desde el principio, a crearle un lenguaje definido, una manera de ser y de estar en la sociedad. Y luego mantenerlo y respetarlo.